viernes, 20 de junio de 2014

Afectos y emociones alrededor del mundo: las pasiones tribales.

«Hay personas que nunca se habrían enamorado  
si nunca hubieran oído hablar del amor»  
La Rochefoucauld

"¿Tal vez la pérdida de la risa sea un signo de civilización? En Europa, lamentablemente, se ríe poco; es muy extraño ver a alguien reír hasta provocarse el lagrimeo y, menos aun, se ve a las personas reír golpeándose las piernas; esto era antes de formalizar la sociedad hasta el nivel de control y desconexión emocional (y neurótica) actual." David Le Breton, antropólogo.

Este antropólogo, David le Breton, describe en su libro "Las pasiones ordinarias" que:

"La particularidad social y cultural de la afectividad de las socieda­des se ve por la existencia de emociones o sentimientos que no son traducibles en otros lugares. (Para ver más: http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.es/2012/11/palabras-indescriptibles-e.html)
La red social se construye sobre las emociones y sentimientos específicos en que ha sido enculturada cada sociedad. 

Nuestras socieda­des, para explicarlas, sugieren teorías hormonales, neuronales, anatomo-fisiológi­cas, evolucionistas, psicológicas, sociológicas, etcetera. Pero hay otras teorías. 

Los chewongs de Malasia y los elemas, por ejemplo, traducen sus sentimientos por medio del hígado. "Así, pueden decir 'tengo el hígado bien' (me siento bien) o 'tengo el hígado encogido' (tengo vergüenza)". 

Entre los ilongots de Filipinas, el corazón es el centro de la vida emocional, y cuando la ira (liget) se percibe como un brotar de chispas que salen de él, no se trata de una metáfora. Sin embargo, para los candoshi de la Amazonía, el corazón "relampaguea" no cuando se enfada, sino cuando se equivoca, "entra" cuando se está aprendiendo y "descansa" cuando se tiene confianza en alguien.

Entre los pintupis, población aborigen australiana, es el estómago el lugar en que reside el espíritu, y fuente de una serie de emociones. 

Para los tahitianos que conoció Levy, éstas tienen su sede en diferentes órganos. Se habla de ellos en tercera persona. Un hombre encolerizado dirá, por ejemplo: "Mis intestinos están encolerizados"

Entre los dogones, las emociones tienen su fuente en una corporeidad simbólica. La alegría, por ejemplo, es un sentimiento benéfico que despierta al hígado y hace latir suavemente al corazón al modo de un fuego que arde con regularidad. El "aceite" del hígado se funde y se traslada a las articulaciones para fortale­cerlas. En la ira, el corazón llamea, late con fuerza y "da punta pies que golpean los pulmones"; "'Todo se remueve' y el agua del hígado hierve, mientras que su aceite salta y chisporrotea como manteca demasiado caliente [ ...] . La vesícula biliar se hincha y derrama bilis en el hígado, lo que confiere "amargura a las palabras". El dolor físico o moral "carboniza" el hígado. Las lágrimas se consideran como una perdida del "agua de la sangre" (la linfa); el corazón se caldea y esta escapa por los ojos a la manera de agua hirviente. 

No sólo las teorías sobre el origen de las emociones varían de un lugar a otro. Las etnopsicologías revelan con claridad particularidades sociales y culturales que relativizan el repertorio afectivo universal.

El concepto "amae", considerado por el psiquiatra Doi como una clave para
comprender la mentalidad japonesa, no tiene equiva­lente en otras lenguas, porque remite a una cultura afectiva propia. Los japoneses mismos se asom­bran ante la ausencia de un termino equivalente en las lenguas occidentales. Doi se esforzó por definir esta emoción: "depender del amor de otro", "acogerse cálidamente" o "entregarse a la dulzura de otro". La conducta del niño con respecto a su madre proporciona el arquetipo. Amae deriva de amai, que significa "azucarado". También se encuentra en las relaciones entre el marido y la esposa, el maestro y el discípulo, etc. 
La palabra "amanzuru" designa por su parte el hecho de conformarse. Así, según Doi, si bien en las relaciones desiguales la preferencia recae en amae, si las circunstancias no hacen posible este sentimiento, entonces hay que conformarse con amanzuru.

Margaret Mead señala un comportamiento denominado "musu" en Samoa. Esta manifestación afectiva traduce la negativa a hacer algo. Una mujer rechaza a su amante, una criatura no quiere acostarse, etcetera. Interrogado acerca de su negativa, el individuo declara simplemente que no sabe: "Es lo que me pregunto", "No sé, eso es todo''; dicha actitud se admite, se justifica y genera incluso "una especie de respeto supersticioso"


En Bali, M. Mead identifica una asociación entre el miedo y el dormir. Cuando los balineses estan asustados se van a dormir. Esta conducta se denomina "takoet poeles" (asustado dormido). Un dia, M. Mead les pide a sus ayudantes que lleven unos utensilios de cocina a una vivienda a la que debe trasladarse. Cuando más tarde llega, los descubre adormi­lados. Habían olvidado el paquete en el ómnibus y, asustados por la reacción que imaginaban en la etnóloga, se habían dormido. El miedo es un sentimiento controlado por el sueño. 

H. Geertz señala la singularidad del termino javanes "sungkan", "que se refiere a un sentimiento de cortesía respetuosa delante de un superior o un desconocido, una actitud de restricción, de limitación de los propios impulsos y deseos, a fin de no perturbar la ecuanimidad emocional de quien puede ser espiritualmente más elevado que uno" 

Eduardo Crespo cita la "vergüenza ajena" como una emoción tipicamente española caracterizada por la turbación interior sentida a la vista de un individuo que se comporta de manera inadecuada. La vergiienza experimentada, sin embargo, sigue siendo exterior al individuo que no participa en absoluto en la infracción de las normas, ni se siente culpable. Afecta una noción clave de la cultura española, la de dignidad.

El antropólogo Josep M Fericgla explica que el sentimiento de "morriña" "lo sufren los gallegos cuando están lejos de su tierra. "La morriña es una determinada añoranza de la lluvia, los olores y del verde especial que tiene la naturaleza en Galicia, al noroeste de España, a lo que se añade una mezcla de tristeza, pena, angustia, desazón y otros sentimientos de difícil descripción en castellano. La morriña es intraducible lingüística y culturalmente." Mientras, dicen que la "saudade" brasileña es el alma diciendo a donde quiere volver. El "hiraeth" galés es la sensación de anhelo por la patria, salpicado de suspenso, como si algo está a punto de perderse y nunca se recuperó. Una combinación de amor y melancolía por el hogar y el sentido de vulnerabilidad.

Y explica también la "tuza", "emoción típica de la Colombia andina, que experimentan los denominados paisas. Sufren de tuza algunos hombres al ser abandonados por su amada y es una mezcla de pena, rabia, frustración, sequedad interior, tristeza, abandono... En sentido literal, la tuza es la parte central, seca y leñosa, que queda de una mazorca de maíz al extraerle los granos." 

Parecido es el sentimiento "awumbuk", de los baining en Papúa Nueva Guinea: Si un visitante ha dormido en la misma casa y ha comido de la misma comida (dos cosas que se le ofrecerán nada más llegar), cuando se marche, el anfitrión baining sentirá awumbuk. El vacío que todos hemos sentido alguna vez después de que las visitas se marchen de casa tras una larga y compartida estancia, es el awumbuk. Los síntomas son cansancio, dormir hasta muy tarde, pereza... Creen que los visitantes, cuando se marchan, arrojan una especie de pesadez, con el fin de viajar más ligeros. Esta pesadez durará tres días. Para desquitarse de esta densidad en el aire, existen dos soluciones: llenar un bol de agua que absorva el awumbuk y levantarse temprano al día siguiente para vaciarlo lejos. O dormir fuera de esa casa. Dos trucos para que la persona se aleje de su aislamiento y vuelva a la vida social y muy productiva de los baining.

Litost, checo: Denota un sentimiento humano profundo causado por la agonía que se siente al ver de manera repentina las miserias propias. Milan Kundera, autor de La insportable levedad del ser: “He buscado vanamente en otras lenguas el equivalente de esta palabra, porque me parece difícil imaginar como alguien puede comprender el alma humana sin ella”.

Vladmir Nabokov describe mejor que nadie la palabra rusa "toska": “Ninguna palabra del inglés traduce todas las facetas de toska. En su sentido más profundo y doloroso, es una sensación de gran angustia espiritual, a menudo sin una causa específica. En el aspecto menos mórbido es un dolor sordo del alma, un anhelo sin nada que nada haya que anhelar, una añoranza enferma, una vaga inquietud, agonía mental, ansias. En algunos casos podría ser el deseo por algo o por alguien en particular, la nostalgia, una pena de amor. En su nivel más bajo, se reduce al hastío, al aburrimiento.”

"Los anglosajones reprimen la ira en extremo", (continúa explicando David Le Breton). "La emoción feisty – to be feisty- está mal considerada en el mundo anglosajón. 

Las investigaciones de Rosaldo sobre los ilongots muestran el carácter culturalmente especifico del "liget", una emoción que se compara vagamente con la ira de los europeos, pero tiene una connotación positiva, dado que confiere poderío al cazador y es una vía de entrada simbólica en la edad adulta. "Cuando cazo estoy cargado de liget -dice un hombre-, porque no le tengo miedo'al bosque'". 

A. Strathern muestra entre los hagen, en Papua-Nueva Guinea, "pipil" y "popokl". Las manifestaciones de pipil implica que "la piel se cubre de sudor; se erizan los pelos de la nuca; nos da dentera; decimos que los espiritus van a matarnos y comernos." Popokl traduce una ira que puede no revelarse nunca. La manera habitual de su expresión pasa por la enfermedad. La confesión, proyectar el popokl en palabras, es la etapa inicial de la curación. 

Entre los esquimales utka, Jean Briggs (1970) no comprueba en la vida corriente ninguna expresión de ira. No sólo no la expresan, sino que no la sienten, ni disponen de termino alguno para denominarla, ni siquiera de un equivalente de ella. Cuando ven a un extranjero lleno de ira, lo definen como "infantil".

En muchas culturas africanas la expresión de la ira esta proscripta y no se manifiesta nunca. Si pese a ello se trasluce, se la atribuye entonces a la inmadurez y la hechicería. La palabra es el único medio de desactivar un conflicto.

El corredor de amok de Malasia, tras una frustración o simplemente al oír el
termino "amok, amok!", se lanzaba a matar o herir a quienes encontrara en su camino. El único modo de detener su carrera asesina era matarlo, pero no sin precauciones, ya que aún con una lanza atravesada en su cuerpo trataba de eliminar a su adversario hasta el último suspiro. El hecho era tan frecuente
que en las ciudades se habían colocado en las esquinas horquetas o lanzas provistas de topes de retención, para que la población pudiese dominar a los corredores sin tener que acercarse demasia­do a ellos. 


Entre los ainus, el ataque de "umu" era provocado por la vista de una serpiente real o una de juguete, e incluso por el grito "serpiente!" Y esto en lugares donde ese reptil era raro. 

Schieffelin (1983) observa entre los kalulis de Nueva Guinea que no disimulan ni corrigen su sentimiento. La ira, la pesadumbre, el miedo, la compasión, etc, se expresan de forma dramatizada, apostando a una compasión social que no dejará de manifestarse. El hombre ofendido recorre a lo ancho y a lo largo la casa colectiva mientras lanza insultos a los cuatro vientos con el fin de llamar la atención social sobre la injusticia sufrida. Otro método es mostrar un semblante desespe­rado, con abundancia de lágrimas y lamentos, por ejemplo, durante un duelo. 

En sentido contrario, los shuar estimulan voluntariamente la rabia cuando es necesario disponer de un buen caudal de esta emoción. Cuando un hombre shuar debe ir a pelearse o a discutir con alguien, para lo cual necesita estar “bien cogido por la rabia”, come abundante ají para que esta tremenda variedad de pimiento picantísimo le queme la boca y le aumente la rabia.
Entonces, el sujeto se queda quieto y va pronunciando una sola sílaba en volumen quedo (¡am, am, am…!). La emite en tono grave, largo y suave pero claramente audible. Es una manera de decir: “no te acerques, estoy muy rabioso, estoy enfadado y soy peligroso”. Los hombres se enojan y son conscientes de su estado, pero pueden retener la expresión explosiva de su emoción todo lo que requiera la situación social. 

En ello hay también una elevada educación emocional, una gran dosis de templanza. Un gran control emocional, al que dedican importantes esfuerzos durante el proceso de enculturación. Se puede decir, incluso, que tienen un excelente control en el descontrol de sus expresiones emocionales extremadas.


Otra emoción muy importante es la risa, máxima expresión de alegría. Entre los shuar se sonríe menos que, por ejemplo, entre los occidentales, pero se ríe mucho más. Es probable que se sonría menos porque hay un contacto cotidiano permanente: viven en comunidades y agrupaciones familiares cuyos miembros pasan el día conjuntamente. En este sentido, la sonrisa tiene la función-señal de recibir amigablemente al otro dentro de tu propio espacio –o de pedir que otro te reciba amistosamente-, pero esto es innecesario cuando un grupo de personas pasan la mayor parte del tiempo diario juntas. 

La sonrisa es expresión de un sentimiento, no de una emoción. Pero la risa plena, a carcajadas abiertas, es otra realidad. La risa es expresión de una emoción básica. Es una risa alegre, primaria, escandalosa y descarnada. Les saltan las lágrimas y se golpean las piernas al reír para ayudarse a expresar con mayor énfasis tal estado emocional. 

 "Papá Roger siempre tiene una palabra para que los blancos se rían, pues dice que con el frío que hace allí en Europa, los blancos no se ríen mucho. Los músculos de su cara están congelados", escribe el congoleño Alain Mabanckou en su libro "Mañana cumpliré 20 años".
  "¿Tal vez la pérdida de la risa sea un signo de civilización?" se pregunta Fericgla.

y se lamenta de que "En Europa se ríe poco; es muy extraño ver a alguien reír hasta provocarse el lagrimeo y, menos aun, se ve a las personas reír golpeándose las piernas; esto era antes de formalizar la sociedad hasta el nivel de control y desconexión emocional (y neurótica) actual. Hasta tal punto ha desaparecido la expresión de esta emoción básica que hay cursillos de risoterapia, de un fin de semana de duración, para aprender a reír y para reír. La expresión plena de la alegría es un buen recurso terapéutico para descargar tensiones y para aliviar la entropía propia de las relaciones sociales.

El altruismo primero y la risa en segundo lugar son los mecanismos de defensa más adultos, los más elaborados, y también son los más sanos."


Fuentes:
http://josepmfericgla.org/2011/cultura-y-emociones
Las Pasiones Ordinarias - Antropología de Las Emociones. David le Breton.
http://nodulo.org/ec/2009/n086p03.htm
Etnografía de la comunicacíon verbal shuar. José E. Juncosa. 
Tiffany Watt Smith, "The book of human emotions"

1 comentario:

Camilo Perez dijo...

Con detalles inolvidables en fechas espepciales es cuando se comparte con alegria haciendo que
la felicidad perdure mucho mas e incomparables recuerdos buenos.